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Sepúlveda, el hechizo de una villa

Sepúlveda, el hechizo de una villa

Los ríos Caslilla y Duratón prácticamente rodean Sepúlveda que se alza sobre una peña caliza de pronunciados barrancos. Desde cualquiera de las dos carreteras por las que se llega a la villa, ésta aparece de repente sorprendiendo al que la contempla por la austeridad de su belleza.

Elevada en su alcor, el cauce de los ríos se adivina por las copas de los chopos que los flanquean, situados, como verde muralla, a la altura de nuestra vista. En lo más alto, algunas espadañas y torres y coronando la villa, la Iglesia del Salvador: pórtico, ábside y torre; la iglesia más alta de Sepúlveda y probablemente la más importante del románico segoviano primitivo.

rio-duratonSepúlveda se encuentra a 50 km de la capital, al nordeste de provincia de Segovia a la que pertenece y es cabeza de la comarca de la Tierra y Villa de Sepúlveda. Dentro del municipio está el Parque Natural de las Hoces del río Duratón lo que da idea de lo accidentado del terreno de esta comarca segoviana, tierra de montes de cantos rodados, de prados y huertos de ribera, de bosques de enebros y olmos, de pequeñas aldeas y de iglesias románicas.

Cerro de fácil defensa
Sepúlveda fue poblada desde los tiempos de las primeras tribus. Los márgenes del Duratón están plagados de cavernas y cuevas donde se han hallado vestigios de estos tiempos. Siglos después fue celta y más tarde los romanos aprovecharon su valor estratégico dándole a la villa el nombre: «Septempublicam», que, según algunos autores, deriva de las siete puertas que rompían el recinto medieval y según otros de las siete poblaciones que integraban la circunscripción administrativa y judicial. Fue en la época visigoda cuando Sepúlveda alcanzó mayor densidad de población y las necrópolis de Duratón y Castiltierra así lo atestiguan, pues son de las más importantes de la Península. Arranca por entonces la tradición monástica que nos habla de los santos eremitas, Frutos, Valentín y Engracia a los que se sitúa en el Santuario de la Cueva de los Siete altares, una muestra extraordinaria de iglesia visigoda excavada donde aún hoy en día pueden distinguirse siete hornacinas, antes altares, con forma de arco de herradura.

desde-sanbartolomeLa villa medieval
Es sin embargo la reconquista la gran época de Sepúlveda. Fue entonces cuando Fernán González dotó a la ciudad del «Fuero de Sepúlveda» promulgado con objeto de responder a las exigencias de una ciudad vital que pretendía atraer con privilegios a gentes de los territorios reconquistados. El Fuero recogía costumbres visigodas persistentes en la comarca y la convirtió en una pequeña república donde convivían gentes diversas en una sociedad basada en la solidaridad familiar. De gran difusión en otras poblaciones de España por considerarlo un ordenamiento que cubría mejor que otros las necesidades de las sociedades de entonces, fue adoptado en toda la llamada Extremadura (Soria, Segovia y Ávila) y a él se acogieron villas tan distantes como Roa, Uclés, Morella, Segura de León y otras tantas. El comercio era boyante en la localidad y propio de una sociedad refinada. Sedas, linos, pieles y metales hicieron a Sepúlveda uno de los mercados más atractivos de la comarca en época medieval. Fue por entonces la villa morada de los personajes más ilustres de la época como el infante Alfonso el Inocente, hermano de Isabel I de Castilla o D. Álvaro de Luna.

cacharreria-sepulveda

Los siglos XVI y XVII han dejado como muestra algunas casas blasonadas, casas de hidalgos, de muros lisos y grandes escudos, pero comenzó aquí la decadencia de Sepúlveda que aun hoy en día sigue siendo fundamentalmente románica. Éste es su principal encanto: recorrer sus calles y contemplar sus plazas por las que parece no haber pasado el tiempo, o al menos parece pasar más despacio. Aún hoy pueden verse esos comercios de pueblo, cacharrerías, reposterías y almacenes de alimentos donde el cariño por lo tradicional y por el buen hacer parece prevalecer sobre el puro mercantilismo.

fachada-aytosepulvedaPlazas, palacios y mercado
La plaza mayor fue antiguo mercado extramuros. Porticada en parte, se cierra en el lado de poniente por los torreones de un antiguo castillo del S XII, al que en el XVIII se añadió una fachada barroca con espadaña y balcón desde donde el concejo podía asistir a los festejos. Callejas y casas vetustas confluyen en esta plaza; por el lado este se llega a un bonito rincón: la escalinata de San Bartolomé y la iglesia del mismo nombre, antigua y austera, pero de gran belleza. San Justo es otra de las plazas más pintorescas, aunque más que plaza, es un ensanchamiento de la calle. Un jardincillo de aire decadente da un toque de romanticismo a las sobrias fachadas de sillería de las casas palacio que abundan en este entorno. Especialmente atractivo es el palacio plateresco de los González de Sepúlveda con Blasón que evoca la victoria del Conde Fernán González sobre Abú Bad. Este acontecimiento se representa mediante la imagen de la cabeza cercenada de un moro. La herrería barroca de la ventana es otro elemento destacable en la fachada. Continuando en línea recta se llega a una amplia explanada, lugar de meriendas y paseos de verano que desemboca en otra obra de arte del románico antiguo: el Santuario de la Nuestra Señora de la Peña, patrona de Sepúlveda y de gran devoción por parte de los sepulvedanos.

gonzalez-sepulvedaLa ascensión a la Iglesia del Salvador es imprescindible. Desde el pórtico, uno de los más representativos y mejores del románico segoviano, se domina el barranco del Caslilla y el paisaje de la comarca. Orientado al sur, soleado y luminoso es uno de los mejores lugares desde donde contemplar la villa y sus alrededores.

Frutos, un santo vinculado a Sepúlveda
San Frutos es el patrón de Segovia, ciudad donde nació en 642. Su vida está ligada a las Hoces del Duratón, lugar al que se retiró junto con sus hermanos Santa Engracia y San Valentín para llevar una vida eremita tras quedarse huérfanos los tres. Conocido como San Frutos Pajarero, su milagro más famoso es la llamada cuchillada que tuvo lugar cuando las gentes de las aldeas del valle del Duratón huyeron de la persecución de los musulmanes hacia las Hoces. El Santo se enfrentó a los sarracenos pidiéndoles que no continuaran su camino y no sobrepasaran la línea que él mismo había trazado en el suelo. Al señalar este límite con su báculo, la tierra se abrió y se hendió la peña mostrando con ello a los musulmanes el error de la ley en que vivían. Huyeron los moros asustados y el lugar comenzó a ser conocido como «la cuchillada de San Frutos». Es aquí donde se encuentra la ermita de San Frutos y donde reposaron los restos del santo desde el Siglo VIII al XI en que se trasladaron a la catedral de Segovia.

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Sepúlveda también es tierra de cordero asado, fiestas y tradiciones

Sepúlveda es famosa gastronómicamente por el cordero lechal asado al estilo tradicional en horno de leña generalmente de roble. Es el llamado lechazo. La oveja churra se ha criado de forma natural en pastos del valle del Duratón tanto en Sepúlveda como en Pedraza y en las Hoces durante siglos. Es una raza que da menos carne que otras, pero tiene más sabor y calidad. Los figones, que abundan en la localidad, son restaurantes donde sólo se sirve cordero, ensalada y postres típicos, en particular ponche segoviano, un exquisito dulce a base de bizcocho y yema tostada.

Entre las fiestas tradicionales destaca la del diablillo que se celebra cada 23 de agosto coincidiendo con el día de San Bartolomé. La plaza de España y sus alrededores a oscuras y en plena noche son el escenario de la persecución de los «diablos». La misa de Minerva es una tradición medieval que ha mantenido la Cofradía del Señor y que cada tercer domingo celebra misa y procesión del Santísimo en el pórtico del Salvador.

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1 comentario

  1. Un fiel lector

    #1 Un fiel lector 22-04-2014 20:15
    Bonito artículo. Es un aperitivo que le abre a uno las ganas de ir a Sepúlveda.

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