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El balastar de Faraján

El balastar de Faraján

Faraján, que en bereber significa «Lugar de delicias», se encuentra situado en el Alto Genal, asomado al valle que este río da nombre y forma; en plena serranía malagueña.

El sol ilumina sus casas encaladas. Una nota de luz sobre el verde oscuro que pintan sus castaños, sus encinas, sus alcornoques y en los huertos: higueras, naranjos, limoneros, ciruelos, nogales, granados, entre otros frutales.

Un pueblo que ha sabido desde siempre domesticar la bravura de sus manantiales, amansarlo y llevarlo dócilmente por pequeños surcos hasta los rincones más escondidos de la huerta.

regadio

Tras doce siglos, la huella bereber sigue presente en muchos lugares de la geografía del sur de la península.

Este pueblo de lengua y cultura propias respecto a sus vecinos árabes se estableció a partir del siglo VIII en unos parajes muy semejantes a los de su propia tierra. No en vano ambas márgenes del estrecho de Gibraltar estuvieron unidas hasta hace, relativamente, poco tiempo.

acequia

Al-Balaxtear fue el origen de lo que hoy es Faraján. Allí se estableció este pueblo procedente del Norte africano. Se asentaron a media ladera, junto al manantial, junto al agua, donde siempre ha surgido la civilización.

diez siglos después,

el agua discurre dócil 

presa

Fueron modelando las laderas abruptas de sus montes, creando terrazas, bancales, con diques de contención para convertir la pendiente en huertos verdes y fértiles; lo duro e intransitable en un vergel; en ese intercambio provechoso entre el hombre y la naturaleza, que siempre se produce cuando el hombre aspira sólo a ser una parte de ella, sin sometimientos, sino de igual a igual.

Más de diez siglos después el agua discurre dócil a lo largo de esas mismas acequias dibujadas con sabiduría a través de los huertos, pequeños, minifundistas. Una autoridad marcaba los tiempos de riego: el Qaid al-Maá (El alcalde del Agua), siendo siempre un anciano o persona de prestigio. Los turnos se establecían con prioridad para los hortelanos de la plataforma superior y el sobrante para los bancales más bajos.

Dos «chorreras» o cascadas precipitan las aguas sobrantes. Pequeños diques móviles hechos a partir de compuertas o material sólido obstruyen una acequia para que el agua continúe su curso o se abra paso para el riego de esa huerta.

Este sencillo mecanismo perdura sin modificación en la actualidad.  Nada ha cambiado en más de mil años, salvo aquellos que siguen cultivando estos huertos, heredados generación tras generación.   Los mismos cultivos, los mismos frutales, las mismas flores que adornan los muros de división de las parcelas, el mismo silencio, la misma paz.

 

agua cascada

La pequeña qurá (aldea) de Al-Balaxtear dio paso, tras la reconquista, al Faraján actual en una ubicación cercana.  Sólo sobrevivió su nombre: Al-Balaxtear pasó a ser el Balastar, que define una manera propia, peculiar, de ordenar un territorio abrupto, casi inútil y convertirlo en ese jardín fértil, húmedo, fresco donde el hombre es uno más en ese concierto, en esa metáfora de la vida como es el cultivo de la tierra: sembrar para recoger el fruto, y arar para luego volver a sembrar….
El agua, la tierra y el hombre.

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Oficina de Turismo de Faraján: www.farajan.es

José Luis Marmolejo 2016
Un sevillano en la sierra

Con mi agradecimiento a José Barragán Gutiérrez.
Maestro en Faraján. Escritor y poeta.

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